domingo, 1 de febrero de 2015

UNA CLASE DIVIDIDA


En 1968 Jane Elliot realiza un experimento psicosocial  a raíz de la muerte de Martin Luther King, para trabajar de manera pedagógica con sus alumnos los efectos que tiene la discriminación para quién la realiza como para quién lo padece.
Un simple rasgo físico como es el color de ojos es el motivo suficiente que diferencia a dos clases de alumnos:
Los que tienen ojos azules eran más inteligentes que los que tienen ojos marrones que fueron diferenciados por un pañuelo como collar. Los de ojos azules gozaron de privilegios por el hecho de ser más inteligentes como tiempo extra de recreo o repetición del almuerzo.
Los niños acataron las órdenes y fue sorprendente como los niños de ojos azules tuvieron un mayor rendimiento y los niños de ojos marrones un mal sentimiento.
Al día siguiente, la profesora les informó de que se había equivocado y cambiaron las tornas, los de ojos marrones ahora eran más inteligentes. Las disputas entre ambos grupos no cesaron y los resultados fueron asombrosamente al contrario que en el  día anterior.
Cuando acabó el experimento, los niños reflexionaron qué había sucedido y cómo se habían sentido
Ha pasado mucho tiempo desde la realización de este experimento, a mi juicio, ha mejorado notoriamente el abordaje de la discriminación desde entonces, sin embargo es largo el camino para la inclusión y normalización de los grupos minoritarios en nuestra sociedad.
Como seres humanos nuestra concepción holista es compleja y a veces son muchos los factores que debemos reflexionar para no caer en el error del estereotipado.
Las etiquetas crean clasificaciones funcionales, a veces, de cada uno de nosotros y aunque, es evidente que como animales sociales convivimos en diferentes grupos no deben ser las características de estos las que determinen nuestros comportamientos, al menos comportamientos intolerantes e irrespetuosos.
Somos diferentes y no podemos cambiarlo, pero estas diferencias tienen límites morales que debemos tener presentes.
Tenemos diferente color de piel. Tenemos diferentes religiones que determinan nuestras creencias. Tenemos diferente cultura que determina nuestros valores. Tenemos diferentes sexos que  nos determinan evolutivamente. Tenemos diferentes orientaciones sexuales que determinan nuestros gustos. Y es esta diversidad la que nos enriquece.
Son muchos los ejemplos y muchos los ámbitos de discriminación que conviven con todos nosotros.
La discriminación no es sólo el acto voluntario de una agresión física o verbal y cada uno de nosotros somos participes en diferente medida de acciones discriminatorias en nuestro día a día.
Creo que nuestro propósito no debe ser cambiarlo todo radicalmente, creo que además es imposible ya que existen creencias muy arraigadas y culturas muy diferentes que se contraponen, sin embargo, en cada uno de nosotros tenemos que tomar  ejemplo para minorizar estas actitudes con pequeños pasos que determinen la igualdad humana de todas las personas.
Son muchos los temas a debate.
Existe el machismo, existen leyes feministas (que no igualitarias) y discriminatorias para conseguir la igualdad (o superioridad de las mujeres). Existe xenofobía, no nos fiamos de los rumanos ni marroquíes y que hablar de la etnia gitana, incluso muchas de estas culturas nos discriminan a nosotros que parecemos “normales” . Aceptamos la homofobia pero fuera de nuestras casas y  no sé, que tire la primera piedra quién no haya catalogado, estereotipado o juzgado con alevosía alguno de estos ejemplos.
Muchos de nosotros, compartimos valores dignos de buenos humanos como puede ser el hambre en el tercer mundo, las flores en vez de las armas o la violencia en cualquiera de sus formas sin darnos cuenta que nuestra baza de cambio está en nosotros mismos y en todo lo que podemos tocar a nuestro alrededor que, sin dudarlo, falta nos hace.
El documental me recuerda mucho al experimento de la cárcel de Stanford. Aquí se estudiaba la obediencia y la sumisión, y se fue de las manos… o algo así como el film conocido y basado en un historia real como La Ola.
Creo y bajo mi punto de vista, que cualquier experimento en humanos y para humanos ha de estar muy controlado y no dejarlo a la mano de la probabilidad, si no, preguntemos qué le paso al pequeño Albert con las ratas generalizándolo posteriormente en el experimento de Watson.

Quiero decir, que como método pedagógico fue eficaz, dinámico e invito a la reflexión pero creo que si no somos competentes o estamos en manos de competentes puede dar lugar a cualquier tipo de situación problemática, debemos basarnos en una ética profesional.  

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